Charlas de bar: 9 - Pedir perdón a México

—Casimiro ¿a ti te parece que tiene sentido que Felipe VI pida ahora perdón por los excesos cometidos por Hernan Cortés y sus mariachis en la conquista de México?

—¡Buff! Esa pregunta tiene miga. Creo que siempre es oportuno revisar las barbaridades cometidas. Eso te permite conocer mejor no solo cómo éramos, sino cómo somos. Y yo creo que los humanos no hemos cambiado mucho desde las conquistas de Atila o de Gengis Kan, el imperio romano o la colonización del Congo por Leopoldo II.

—Creo que exageras. Algo hemos progresado desde las campañas guerreras a sangre y fuego de la antigüedad.

—¿Tú crees? ¿Te parece más humanitario lo que los israelíes están haciendo con Gaza o el Líbano? ¿Acaso es menos cruel manejar un dron cargado de explosivos con los mandos de una videoconsola que agarrar una espada? ¿Te parecen humanitarias las bombas de racimo que están tirando los iraníes sobre Israel?

—Si lo pones así, no tengo más remedio que darte la razón. Sigue habiendo violencia y crueldad y no es cosa solo de siglos pasados. Efectivamente no tiene mucho sentido pedir disculpas por un pasado que en muchas cosas no hemos superado.

—Lo que yo creo, queridos Luis y Casimiro es que sí tiene y no tiene sentido. Tiene sentido repasar lo que hemos hecho para no caer en el tópico de que todo ha estado muy bien, que hemos sido cojonudos y que la evangelización y la culturización de los indígenas mexicanos han sido maravillosas y que deberían estar agradecidos los que nos dicen que pidamos perdón. Pero no tiene sentido que nos lo exijan precisamente los descendientes de los colonizadores. Y que no venga la presidenta Claudia Sheinbaum a hablar en nombre de los indígenas, que solo su apellido la delata. Son ellos, en todo caso, los que en nombre de sus antepasados deberían pedir perdón, si es que tiene sentido que alguien se sienta responsable de lo que hicieron sus tatara tatarabuelos.

—Tienes razón, Julián. Más les valdría que ellos se hicieran cargo de cómo viven los indios hoy en México. Por ejemplo los de Chiapas. Que expliquen por qué son los descendientes de los europeos los que tienen poder y riqueza mientras los indígenas siguen siendo los paganos. Y no me refiero a su religión.

—En todo esto lo que hay son ganas de poner de rodillas a alguien para mostrar lo fuerte que es uno. Te humillas si tienes que hincar la rodilla dándote golpes de pecho para pedir perdón: “sí, sí, reconocemos que hemos sido crueles y que nos portamos muy mal con ustedes. Les rogamos que nos perdonen y les prometemos que no lo volveremos a hacer.”

—Así es, Julián. Lo de pedir perdón por el pasado es también una forma de hacer una advertencia para el futuro. Cuidadín, cuidadín empresarios españoles. No vengan otra vez aquí a explotar el petróleo o las comunicaciones de los buenos indígenas, como si esto todavía fuera una antigua colonia. Ejemplos de eso hemos tenido con las empresas españolas a las que han expropiado en México y en otros países latinoamericanos. Siempre con la misma disculpa de que se comportan como viejos colonialistas.

—Bueno, hay que reconocer que algo de eso hay en algunas energéticas. Van por América Latina pisando fuerte y hacen lo que no se atreven a hacer en Europa.

—Pero bueno, al final ¿está bien o está mal que pidamos perdón a México por lo que hemos hecho en la conquista?

—Si nos ponemos a pedir perdón por los excesos, también los italianos como herederos del imperio romano tendrían que pedírnoslo a nosotros por la ocupación de Hispania. La guerra siempre es étnica o colonial. Y no hay nada más cruel que la guerra y sus secuelas. La esclavitud, por ejemplo, que tan bien conocemos los españoles y los portugueses. Todos tenemos un pasado que revisar. No digo que con eso estaríamos vacunados contra la crueldad. La víctima de ayer se puede convertir en el verdugo de hoy. Pensad en los judíos.

Artículo aparecido en:
La Opinión de Murcia

Fecha publicación:
22/03/2026


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