| |
O Europa o la barbarie |
No se ha dicho suficientemente que Europa es actualmente el mejor sitio del mundo para vivir. Y lo es porque a una considerable prosperidad económica acompañada de una desigualdad (aún) no excesivamente grande entre sus habitantes se une el respeto por los derechos humanos en la mayoría de sus territorios. Todavía quedan bolsas de pobreza en muchos países europeos, y hay un racismo y un machismo no desdeñables. Pero si comparamos con otras partes del planeta, veremos que nos superan en todos y cada uno de estos ítems negativos.
Estados Unidos aventaja de largo a Europa en tecnología. Este es uno de los puntos débiles del Viejo Continente. El atraso tecnológico, o dicho de manera más suave la dependencia tecnológica, hace que Europa esté en desventaja económica no solo frente a Estados Unidos, sino también a China. La falta de competitividad puede llevar a un estancamiento económico, incluso a una recesión, que en último término ponga en aprietos el mantenimiento del estado de bienestar, una de las señas de la identidad europea y una de las cosas por las que vivir en Europa es vivir en el mejor de los mundos posibles.
El gigante económico y tradicional locomotora de la economía europea, Alemania, tiene un importante retraso en tecnologías digitales. Probablemente la burbuja de las empresas puntocom, que en Alemania estalló en 2002 de manera estrepitosa, creó anticuerpos y a partir de entonces los alemanes han sido remisos a la inversión en tecnologías digitales. Cuando todos los países desarrollados estaban apostando por la fibra óptica, Alemania seguía apostando por el cobre. Hoy, Alemania tiene una red de fibra óptica muy escasa. Se calcula que actualmente las conexiones a Internet a través de fibra óptica en Alemania son solo el 10%. En España, en cambio, alcanzan el 80%. En 2020, sólo el 21% de los hogares alemanes tenía una velocidad de conexión de 50 megabytes por segundo. El estallido de las puntocoms también llegó a Estados Unidos. Sin embargo, allí surgieron las nuevas tecnológicas mientras en Alemania se seguía apostando por la industria tradicional —automóviles, ingeniería mecánica y química—, que hasta entonces les había proporcionado tan buenos resultados.
La vanguardia estadounidense en tecnologías digitales, y actualmente en inteligencia artificial, tiene el grave inconveniente de que se ha consolidado monopolísticamente, invadiendo el mercado mundial. La normativa europea que pone los derechos humanos en el centro exige regulaciones y cortapisas al poder de los monopolios. Estos ven en el autoritarismo de Trump el mejor aliado para evitar las trabas legales a sus evidentes abusos, por ejemplo, la invasión de la privacidad y el libre flujo de bulos y noticias sin contrastar. Además, esa industria de lo digital es una gran devoradora de energía. Por eso no solo se oponen a las regulaciones favorables al medio ambiente, sino que apoyan los irracionales negacionismos del cambio climático. Incluso ven con buenos ojos los regímenes autoritarios y machistas del Golfo Pérsico y acarician con lascivo deseo la enorme fuente de combustibles fósiles que representa Venezuela. La libertad de prensa se ve también amenazada con la censura y la orientación de la línea editorial de medios prestigiosos y consolidados, como el ‘Washington Post’, con el desembarco en su accionariado de magnates de la gran industria digital.
Una de las tareas urgentes en la UE es reducir la dependencia digital. Sería necesaria una política activa para promover empresas tecnológicas. Suprimir trabas burocráticas y potenciar la existencia de capital riesgo serían pasos adelante para que sugieran las imprescindibles empresas tecnológicas. Por concretar, en España, hemos perdido la oportunidad que suponían los fondos ‘New Generation’ para aplicarlos a la creación de ese tipo de corporaciones.
Europa debe mostrarse inflexible en la aplicación de su legislación para cortar de raíz los abusos de las empresas tecnológicas y oponerse con firmeza a los intentos de injerencia provenientes de Estados Unidos. Nuestro futuro será más Europa o la barbarie. Y la barbarie ya asoma su negra patita en el corazón mismo de Europa. |
|
Artículo
aparecido en:
La Opinión de Murcia |
Fecha publicación:
28/12/2025
|
Volver
a página anterior
|
|
|